Visita Córcega
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VISITA CÓRCEGA
Qué ver en Córcega, la isla más desconocida del Mediterráneo.
Hablar de qué ver en Córcega es hablar de abrumadores paisajes, de montañas que se alzan al cielo y de calas de aguas cristalinas de la que no te querrás mover jamás.
Hablar de qué ver en Córcega es hablar, también, de pueblitos recónditos donde el tiempo se paró hace mucho, de fortalezas que se enfrentan al mar cuando este se vuelve bravío, y de tradiciones que sobreviven al paso de los siglos.
Pero venimos a hablarte, además, de la Córcega valiente y rebelde.
De la que busca una identidad propia sin importarle los avatares de la historia ni las imposiciones. Esa Córcega, que es también la enigmática y desconocida, es la que logrará conquistarte en cuanto pongas un pie en su territorio. Damos fe de ello.
Qué ver en Córcega, la isla más desconocida del Mediterráneo Hablar de qué ver en Córcega es hablar de abrumadores paisajes, de montañas que se alzan al cielo y de calas de aguas cristalinas de la que no te querrás mover jamás. Hablar de qué ver en Córcega es hablar, también, de pueblitos recónditos donde el tiempo se paró hace mucho, de fortalezas que se enfrentan al mar cuando este se vuelve bravío, y de tradiciones que sobreviven al paso de los siglos. Pero venimos a hablarte, además, de la Córcega valiente y rebelde. De la que busca una identidad propia sin importarle los avatares de la historia ni las imposiciones. Esa Córcega, que es también la enigmática y desconocida, es la que logrará conquistarte en cuanto pongas un pie en su territorio. Damos fe de ello. | ||
Bastia, puerta de entrada Bastia fue fundada por los genoveses en 1378, es la segunda urbe más grande de la isla y alardea de poseer un patrimonio barroco bastante poco común en Francia. Caminar por su casco histórico, donde destaca el barrio genovés con sus altas fachadas desconchadas y su habitual ropa tendida al viento, es un abrazo de esencia mediterránea en toda regla. Tendrás que subir escaleras y recorrer callejuelas empedradas fijándote en cada detalle, en cada rincón. Aparecerá así ante ti, de repente, el espectacular Palacio de los Gobernadores o la Plaza del Mercado. El Vieux Port, que se despliega junto al muelle colmado de terrazas y ambiente en el que disfrutar de un rico Campari, es parada obligada para tomarle el pulso a la ciudad. Una urbe en la que tampoco falta alguna que otra pintada en corso que reivindica la búsqueda de identidad por la que siempre ha luchado la isla. Y es que, gobernada a lo largo de los siglos por íberos y fenicios, cartagineses, griegos, romanos, árabes, italianos y franceses, parte de la población corsa —ojo, y en total son 300 mil— defiende su independencia, no solo nacional, sino también cultural e histórica. ![]() Cap Corse Esta península que sobresale en el norte de la isla es como un mundo aparte dentro de otro mundo aparte: aquí contemplarás, aún más, el contraste entre los múltiples picos de sus montañas que superan los mil metros, y las calas maravillosas que decoran de azules imposibles de su costa. No hay demasiado desarrollo urbano en la zona más allá de los pequeños pueblos pesqueros que dotan de civilización a la región, muy posiblemente, una de las más hermosas de la isla. Recorrerla, bordeando el litoral, es toparse con villas como Erbalunga o Nonza, con rutas senderistas como la Ruta de la Aduana, e incontables torres defensivas rebosantes de historia. ![]() Saint-Florent Uno de esos pueblitos de postal con los que te toparás a menudo en la isla hace de puerta de entrada, tanto para el desierto de Agriates, como a las maravillas de Cap Corse: por eso no será mala idea que escojas Saint-Florent como lugar en el que pasar la noche. De esta forma, podrás no solo disfrutar de un agradable paseo por su casco antiguo, datado en el siglo XV, sino que también podrás gozar de lo lindo de una agradable velada en cualquiera de los restaurantes desplegados junto a su puerto deportivo. ![]() L'île Rousse Desde la zigzagueante carretera que bordea la costa oeste, la verás. Ahí, sobresaliendo de entre las intensas aguas azules del Mediterráneo, como si fuera un territorio libre e independiente, la L'île Rousse te tentará a que pares en ella para explorarla un poquito más de cerca y, de paso, escudriñar su característico mercado. Una estructura similar a un templo romano, con sus altísimas columnas y cubierta, albergará un buen puñado de puestos regentados por pequeños productores de la región. Una oportunidad sin igual de hacerte con riquísima miel de la zona, con embutidos varios e incluso quesos. ![]() Calvi Sobrecogedora: de nuevo estamos ante una localidad que aúna, en pocos metros cuadrados, una fortaleza imponente de muros apabullantes, y un puertito de esos que fotografiar mil y una veces justo a sus pies. La Ciudadela, que luce aposentada sobre un promontorio de considerable altura junto al mar, fue fundada por los genoveses en el siglo XIII, y su interior acoge gran parte del patrimonio de la urbe como el Palacio de los Gobernadores o la Catedral de San Juan Bautista. Abajo, a nivel del mar, las callecitas empedradas de edificios coronados por tejados naranjas se combinan con plazuelas donde la vida bulle sin cesar en sus terrazas, y en las que también es fácil toparse con maravillas monumentales como la Iglesia de Santa María la Mayor. Una vez en el puerto, y frente a un paisaje espectacular en el que no falta un muelle repleto de lujosos yates, los restaurantes ofertan todo tipo de delicias corsas con las que darse un buen festín. ![]() Capo Rosso Los paisajes que te encontrarás al recorrer la carretera que se adentra en esta parte de la isla, te volverán loco. Y no es broma. Prepárate, eso sí, para más y más curvas: lo de las carreteras rectas, por estos lares, parece que sí que es ciencia ficción. Enclavado en la costa oeste de Córcega, esta maravilla de la naturaleza es mucho más que una formación rocosa que surge del mar tomando formas y colores imposibles —los tonos rojos que adquieren las rocas al amanecer y atardecer son espectaculares—, sino que es también historia. Pedacitos del pasado que pueden leerse, por ejemplo, en la Torre Turghiu, que servía de lugar estratégico para vigilar todo el Golfo de Porto. La zona está repleta de rutas senderistas que llevan a lugares remotos y de miradores que se cuentan por decenas. ¿Las vistas? No solo al golfo, también a las Calanques de Piana, formaciones graníticas declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y a la Reserva Natural de Scandola. ![]() Cargèse y sus dos iglesias Será una parada breve: este pequeño pueblito costero resulta bien pequeño y se puede recorrer en apenas una hora. Lo más destacado, además de sus pintorescas calles empedradas que conducen en cuesta hacia el borde de mar, son sus dos iglesias enfrentadas. Construidas cuando la villa fue fundada por el ejército francés en el 1768, es menester visitar ambas, la de Saint Antonie, de origen latino, y la de Saint Spyridon, griega, para admirar las pinturas en su interior. ![]() Ajaccio Si Napoleón levantara la cabeza, quizás se daría un agradable paseo por las calles comerciales de la capital corsa, las mismas que le vieron nacer en 1769. Probablemente estaría orgulloso de que hoy, la casa donde habitó junto a su familia, se haya convertido en un museo que narra a los visitantes la historia de su vida. Tal vez sonreiría al continuar andando y desandando el centro de Ajaccio para darse cuenta de que su nombre y su rostro están presentes en casi todos los negocios de la ciudad: restaurantes y cafeterías, sí, pero también en tiendas de souvenires, en floristerías, en panaderías o joyerías. Visitaría, porque es todo un must, el Musée Fesch, inaugurado por su propio tío, el cardenal Joseph Fesch, y disfrutaría contemplando la completa colección de arte italiano que en ella se exhibe. Se empaparía de ambiente urbanita en el mercado junto al puerto, e incluso le haría gracia esos cafés de aires hípsters —habría que explicarle, eso sí, el significado— y galerías de arte que ahora ocupan el recinto amurallado de la antigua ciudadela. Porque Ajaccio ha cambiado en todos los sentidos en los últimos casi tres siglos, pero, no nos cabe duda, le encantaría la nueva versión. ![]() Bonifacio En Bonifacio hay puerto. También hay ciudadela amurallada. Hay restaurantes frente a yates atracados, tiendas de suvenires que se cuentan por decenas y heladerías. Muchas heladerías. Pero también hay historia que será necesario conocer mientras subimos las escalinatas que llevan hasta el corazón de la ciudad, de origen medieval. Fundada por Bonifacio II de Toscana en el 826, caminar por sus estrechas calles empedradas flanqueadas por edificios de arquitectura genovesa mientras se respira la brisa mediterránea es puro goce. Más aún cuando nos adentramos, así como quien no quiere la cosa, en la bella iglesia Sainte-Marie-Majeure, del siglo XIII. O cuando nos asomamos al Bastion de l'Étendard, que se alza a 70 metros sobre el mar mientras que, allá abajo, las olas baten con fuerza contra las murallas. Una de las paradas imprescindibles. ![]() Porto-Vecchio Las hermosas montañas de Aiguilles de Bavella abrazan a la que es la ciudad-destino corsa más aclamada por aquellos europeos que concentran en sus cuentas bancarias grandes fortunas. Porto-Vecchio, con sus relucientes yates amarrados en su aún más reluciente puerto, conquista a propios y a extraños con su ambiente sofisticado y exclusivo. Aún así, merece la pena pasar en ella al menos una noche para disfrutar de sus bondades. Porque, más allá del lujo, Porto-Vecchio tiene también una historia que contar: la que concentra su casco antiguo, construido por los genoveses en 1939 —aunque reconstruido en otras varias ocasiones tras sucesos varios— que contiene fortificaciones del siglo XVI, por ejemplo. Pasear por su interior es maravilloso, aunque más aún lo es tumbarse en cualquiera de las espectaculares playas aledañas: la de Palombaggia te enamorará, pero más aún lo hará Santa Giulia o las islas Lavezzi. Sus marismas saladas, recuperadas por los americanos tras un fuerte azote de paludismo siglos atrás, hacen que se conozca a Porto-Vecchio como “la ciudad de sal”. ¿Una recomendación? Date un capricho y ve a cenar a Casa Corsa: buena atención, buena comida, y buen ambiente. ![]() Corte El destino de los estudiantes. De hecho, será lo que más te sorprenda al llegar a ella: el ambiente estudiantil, debido a la presencia de la universidad en la ciudad, hará que encuentres una urbe animada y repleta de jóvenes en las terrazas y calles. Eso, y también su ciudadela amurallada, que como viene siendo habitual en Córcega, luce, impetuosa, en lo más alto de un promontorio rocoso. En pleno corazón de la isla, y rodeada de la más exuberante naturaleza, el origen de Corte se remonta a la Antigüedad y ya desde entonces fue codiciado por todos aquellos que lo fueron ocupando. En 1755 fue Pascal Paoli quien situó la capital aquí y fundó la universidad, además de una imprenta nacional y una casa de la moneda. Así, poderosa, la ciudad aguantó hasta el reinado de Luis XV. Hoy, Corte se perfila como el perfecto campo base para explorar los alrededores, donde se despliegan maravillas como el Valle de Restonica. ![]() Valle de Restonica, un edén hecho realidad Que la estrechísima carretera que lleva hasta el núcleo del Valle del Restonica se retuerza hasta el infinito no nos pillará por sorpresa. Lo que sí lo hará será el deslumbrante paisaje que acompañará en el camino: a un lado, vertiginosas paredes rocosas que parecen alcanzar el cielo de manera vertical; al otro, el pedregoso río cuyo caudal, por momentos, resulta abrumador. Mientras tanto, y sin perder de vista la ruta —que se las trae—, se atraviesan zonas boscosas y pinares entre cuyas copas se intuye el majestuoso macizo del Monte Rotondo, que alcanza casi los 2.700 metros de altura. Por algo esta carretera se considera una de las más bellas de Córcega. Por el trayecto se reparten numerosos restaurantes en los que hacer una parada y aprovechar para degustar la gastronomía local. Una vez arriba, a unos 1.730 metros de altura, se halla el comienzo de diversas rutas senderistas que llevan a explorar el entorno, como la que lleva al lago de Melu o al lago de Capitello. Una maravillosa opción para los amantes de la naturaleza. ![]() | ||











